“A quien no habla…

ni Dios le escucha”. Este es un refrán que me enseñó la abuela de mi amiga Silvia y es uno de los consejos más aplicables que he oído nunca.

Siempre me ha gustado rodearme de gente habladora. Entre mi grupo de amigos de Oriñón el ansia de opinar es tal que, en ocasiones, la gente levanta la mano para pedir el turno de palabra.

Esas personas que, en acontecimientos sociales, te hacen sacar distintos temas de conversación para sólo obsequiarte con escuetos monosílabos me provocan pereza y hacen que deje de esforzarme por relacionarme con ellos.

No digo que todo el mundo tenga que padecer mi incontinencia verbal, pero, en este aspecto, me inclino más por el exceso que por la escasez. Además, a menudo, la gente que habla bastante tiene una mayor capacidad para transmitir sus necesidades y pensamientos, así como para moverse por el mundo.

Acciones cotidianas como preguntar direcciones, pedir que te saquen una foto y solicitar más información sobre cualquier tema suelen resultar más sencillas para aquellos que no temen a comunicarse con sus congéneres.

Personalmente, esta característica me ha ayudado a recuperar diversos objetos que, gracias a mi extremo despiste, había perdido.

Así las cosas, hago una demanda a todos los taciturnos: haced la prueba y hablad. Comprobaréis que os escuchan, que interactúan con vosotros y que os cuesta menos alcanzar lo que anheláis.

PD: Este no es el tema que tenía previsto tratar este mes, aunque, como ocurre frecuentemente, la vida se ha interpuesto en mis planes. Prometo hablar de tecnología muy pronto.

Un resfriado me ha tenido un par de días un poco fuera de juego y espero recuperarme totalmente pronto. Mientras tanto, comparto este poema que descubrí hace muchos años en el colegio.

“El primer resfriado”
Celia Viñas Olivella

Me duelen los ojos,
me duele el cabello,
me duele la punta
tonta de los dedos.

Y aquí en la garganta
una hormiga corre
con cien patas largas.
Ay, mi resfriado,
chaquetas, bufandas,
leche calentita
y doce pañuelos
y catorce mantas
y estarse muy quieto
junto a la ventana.

Me duelen los ojos,
me duele la espalda,
me duele el cabello,
me duele la tonta
punta de los dedos.

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4 Respuestas a ““A quien no habla…

  1. Nahia!! Ayer tenías exactamente la misma cara que el bicho ese jajajajaja

  2. Me ha encantado la poesía;) En otro orden de cosas, hay que ver lo sabias que son las abuelas…
    ¡Un beso!

  3. Me encanta compartir tu bulimia verbal. Te veo ahora mismo. Besos!!

  4. Yo también me declaro fan incondicional de las personas habladoras… Resulta bastante agotador tener que sacar a alguien las palabras con calzador. Me ha gustado el poema, ¡no lo conocía!

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