Cuando un amigo se va…

Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va“, dice la canción. Y la letra no podía ser más cierta. Sin embargo, amigos no son sólo las personas que nos rodean. Nuestros objetos personales, aquellos que nos acompañan a lo largo del camino y a los que nos aferramos por razones sentimentales, también se convierten, de alguna forma, en nuestros amigos.

Hasta la RAE, justa como siempre, define como cuarta acepción de la palabra “amigo” (considerada en este caso un adjetivo poético) “dicho de un objeto material: benéfico, benigno, grato”.

En este sentido, 2014 ha empezado, tal y como terminó 2013, con una pérdida. Simplemente que en este caso el “amigo” era material y su fin esperado, aunque no por ello deje un vacío menor.

Mi cochecito adorado, un Fiat Punto con un color peculiar que se ganó el apodo de “bala dorada”, y yo nos hemos despedido. Afortunadamente, y pese a sus casi 14 años, él seguirá su camino.

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Nos conocimos en el verano de 2008. Por aquel entonces, tras tres años en posesión del carnet de conducir y sin haberme puesto al volante casi desde las clases de la autoescuela, nos costó encontrar el ritmo. Curvas imposibles a la salida de la autopista no hicieron más fácil la adaptación a una conductora novata y totalmente inexperta.

No obstante, el orgullo de mi primera “gran compra”, las ganas de aprender y el cariño que despertó en mí desde el principio lograron que nuestra relación fuera estupenda.

Juntos hemos cruzado el país (llegando hasta Granada y Córdoba) y la frontera (perdiéndonos en la complicada Burdeos), hemos descubierto la costa vasca (bajada a San Juan de Gaztelugatxe incluida) y, sobre todo, hemos disfrutado de Cantabria infinita.

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Durante estos seis años también hemos vivido algunas pequeñas desgracias. Dos robos (un casete estropeado y una rueda de repuesto) y numerosas averías (dos caídas del tubo de escape, una ventanilla atascada, el motor del limpiaparabrisas y una más grave, que casi se lo lleva por delante) son el saldo a pagar por nuestras diversas aventuras.

De aquí en adelante llegarán otros coches, probablemente más sofisticados, pero ninguno tendrá el encanto natural de mi querida balita dorada.

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6 Respuestas a “Cuando un amigo se va…

  1. Yo lo que más recuerdo es cuando me llevabas al puerto deportivo y veíamos alguna película en el cine… Sin olvidar tus característicos accesorios, jeje.

  2. Afortunadamente, la vez que intentaste matarme no fue en la bala dorada, porque, sino, creo que no lo contamos…

  3. Pobre balita dorada… Te comprendo perfectamente porque además de comprarnos los coches prácticamente a la vez, me consta que lo adorabas. Recuerdo con especial cariño aquel viaje a Santander, la excursión a Logroño, o aquel estupendo día en Tudela… En fin, qué penita la balita dorada… Pero otro vendrá 😉

  4. Pobre balita dorada…. Recuerdo con especial cariño aquella excursión a Tudela y aquel viajecito a Santander… La verdad es que da penita, pero en fin… Otro vendrá:-)

  5. Te entiendo perfectamente…. Recuerdo con especial cariño aquella excusión a Santander y aquel viaje a Tudela…. En fin, da mucha penita pero otro coche vendrá 😉 Pero la balita dorada siempre en nuestro recuerdo

  6. Bye bye bala doradaaaaa

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