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Viajar, conocer sitios nuevos…

Escapadas: Las Landas y Rioja Alavesa

Me encanta hacer una escapada de fin de semana a lugares cercanos, porque te permite romper con la rutina y te da la sensación de que has tenido unas minivacaciones.

En septiembre y octubre he realizado dos escapadas a Las Landas y a la Rioja Alavesa, lugares que ya conocía, pero que no visitaba hacía tiempo. Ha sido sólo una noche en cada sitio, pero me ha servido para redescubrirlos, reafirmarme o cambiar mis primeras impresiones sobre ellos y, lo más importante, desconectar.

Las Landas, en el sur de Francia, es una región de extensos bosques de pinos e interminables playas. La recorrí por primera vez en la Semana Santa de 2010 y volví impresionada con sus paisajes, pero la temperatura aún era fresca como para disfrutar de sus arenales.

Septiembre ha sido el mes elegido para mi segunda vez y he tenido la suerte de que el tiempo ha acompañado. Estoy convencida de que con un clima más cálido sus playas serían la envidia de muchas otras. Son largas, de arena fina, protegidas por dunas y no cuentan con edificaciones cercanas. La única pega son las enormes olas, maravillosas para los amantes del surf, aunque no tanto para el común de los bañistas, junto con la baja temperatura de sus aguas.

Las Landas

Nos hospedamos al lado del lago de Port d’Albret que es un oasis de tranquilidad.

Lago Port d'Albret

Además, estábamos a un agradable paseo del pueblo, donde había mucha animación con música callejera y gente en diversas terrazas.

En definitiva, volveré a visitar esta zona, cuyo inconveniente es la relación calidad-precio de sus alojamientos, muy inferior a la de otras regiones como Cantabria y Asturias.

Soutons

La vendimia este año se ha adelantado y para cuando fui a la Rioja Alavesa ya había concluido. Sin embargo, eso no hizo que el paisaje otoñal en los viñedos no fuese sencillamente espectacular.

Viñedos Rioja Alavesa

Recorrimos Labastida, Elciego y Laguardia y aquí sí que admito que mis primeras impresiones cambiaron bastante. Recordaba Labastida y Elciego más espectaculares de lo que las he visto en esta ocasión. Por el contrario, Laguardia me conquistó con su Casco Histórico que recibe así al visitante.

Recibimento Laguardia

Y sus esculturas viajeras, que habían dejado huella en mi memoria.

Esculturas Viajeros Laguardia

Volveré con más calma a pasear por esta preciosa villa alavesa en alguna de esas excursiones otoñales que tan bien vienen.

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Verano de contrastes: de Cádiz a Londres

¿Qué tienen que ver Cádiz y Londres? A priori más bien poco y, sin embargo, ambos eran destinos que ya había visitado y han vuelto a ser los elegidos para mis vacaciones veraniegas de este año.

Admitiré que hubiese preferido un viaje más lejano o exótico, pero, pese a todo, he disfrutado enormemente de ambas y he descubierto múltiples rincones nuevos.

Lograr juntarte con tres amigas de toda la vida para hacer una escapada es, teniendo en cuenta nuestras agendas, prácticamente misión imposible. No obstante, cuando menos planeas las cosas es cuando mejor salen y así surgió, como de la nada, esta idea.

En mi primera visita a Cádiz, en 2014, conocí Conil de la Frontera, Zahara de los Atunes y, muy fugazmente, la capital y el Puerto de Santa María. Este año no he repetido ninguno de los anteriores así que todo han sido novedades.

Nos alojamos en un coqueto apartamento de Rota y desde allí hicimos excursiones a las cercanas Sanlúcar de Barrameda, para degustar sus deliciosas gambas; y Chipiona, donde el monumento a Rocío Jurado fue parada obligada.

Sanlúcar de Barrameda - Chipiona

También nos bronceamos en las playas de Tarifa, entre viento, barros y tablas de windsurf y kite surf; y en las recogidas calas de Roche.

Tarifa

Y disfrutamos de la luz y la puesta de sol del precioso Vejer de la Frontera.

Vejer de la Frontera

Tras Cádiz, pasando unos días por casa, que siempre es necesario, le llegó el turno a Londres, mi ciudad adorada. El verano allí es, como en el norte, imprevisible y en cuestión de días pasamos del calor sofocante al frío otoñal.

Siempre digo, y me reafirmo, que es un lugar con una infinidad de cosas por descubrir. Este año, aparte de los clásicos de siempre, en los que incluso repetimos una tercera vez el musical de los musicales, ‘Wicked’, añadimos una visita al museo de Historia Natural. Sus dinosaurios me resultaron especialmente impresionantes.

Museo de Historia Natural de Londres

Además, vi desde abajo el “pirulí” de la City y descubrí una tienda maravillosa de vestidos, estilo pin-up, llamada Collectif, en Spitalfields Market.

Pirulí de la City de Londres

Para terminar, una curiosidad, nunca me había planteado qué eran estas preciosas casas, ubicadas al lado de Regent St., son, nada más y nada menos, que el centro comercial Liberty. Merece la pena recorrerlo por dentro.

Centro comercial Liberty de Londres

El Camino Lebaniego

Un fin de semana del pasado enero visité, por primera vez, la zona de Potes. Pese a vivir relativamente cerca nunca había recorrido esta preciosa parte de Cantabria. La escapada me sirvió para descubrir un camino hasta entonces desconocido: el Camino Lebaniego.

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana celebra, desde 1512, el Año Santo Lebaniego siempre que el 16 de abril, festividad de Santo Toribio, cae en domingo. El honor de celebrar el Año Jubilar, únicamente compartido desde la Edad Media con Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela, es debido a que conserva el trozo más grande de la Cruz de Cristo, el Lignum Crucis. En abril de 2017 ha dado comienzo un nuevo Año Lebaniego.

La Lebaniega, nombre de la credencial, se obtiene tras recorrer los sesenta y tantos kilómetros que separan San Vicente de la Barquera de Santo Toribio de Liébana.

Tras realizar en 2015 los últimos ciento y pico kilómetros del Camino de Santiago, y obtener la Compostelana, el Camino Lebaniego me pareció un plan perfecto. La distancia geográfica nos permitía desplazarnos a San Vicente una mañana de sábado y andar ese día, el domingo y el lunes. Así lo hicimos aprovechando el festivo del 1 de mayo.

Como en todas mis grandes ideas me encanta de rodearme de gente tan entusiasta como yo. En esta ocasión el equipo lo formamos Kris, con la que ya había peregrinado hasta Santiago; Sendoa, que la anterior vez se quedó con las ganas; e Irati, que ha sido todo un descubrimiento en lo que a estar en forma se refiere.

Camino Lebaniego Etapa 1 Peregrinos

He de admitir que, la experiencia, hizo que Kris y yo fuésemos relativamente tranquilas, aunque la realidad demostró que el Camino Lebaniego es bastante más duro que las etapas gallegas. No obstante, la actitud positiva mantenida por el grupo en general fue clave para que continuásemos de buen humor y alcanzásemos nuestro objetivo.

Dividimos las etapas basándonos en el desnivel (dejando menos kilómetros para la etapa con mayor desnivel) y los alojamientos. En la primera recorrimos los casi 30 kilómetros que separan San Vicente de la Barquera de Quintanilla.

El municipio del que es originario Bustamante nos recibió con sol, y así se mantuvo todo el día, lo que agradecimos enormemente.

Camino Lebaniego Etapa 1 San Vicente de la Barquera

Los kilómetros que acompañan la senda fluvial del Nansa son de una gran belleza, aunque nos perdimos (en general es un camino bastante peor indicado que el de Santiago) y acabamos andando más de la cuenta en una etapa de por sí larga.

Camino Lebaniego Etapa 1 Senda Fluvial Nansa

Hicimos la primera noche en Quintanilla en una pensión, en la que también cenamos, desayunamos y descansamos perfectamente. Así, el domingo salimos preparados para la segunda etapa, que llega hasta Cabañes. Y aquí empezaron nuestros problemas…

Prácticamente no dejó de llover en todo el día. Llevábamos chubasquero, pero es terriblemente molesto que no pare de lloverte encima. Además, esto provocó auténticos barrizales en diversas partes del camino.

Camino Lebaniego Etapa 2 Quintana Cabañes

Concretamente, el tramo entre Cicera y Lebeña fue absolutamente infernal. Descrito en la web del Gobierno de Cantabria como “un bosque de robles, hayas con ejemplares milenarios” la realidad es que es una de las partes con mayor desnivel (la etapa en sí tiene más de 1.000 metros de desnivel) y en la que, literalmente, no hay camino, sino que más bien hay que escalar con un precipicio al otro lado. Una joyita.

Camino Lebaniego Etapa 2 Quintana Cabañes 2

Afortunadamente, después de la tormenta siempre llega la calma (como bien canta Alejandro Sanz) y al llegar a Lebeña paró de llover, lo que nos permitió apreciar tanto el pueblo como la iglesia Santa María de Lebeña, construida en el año 925.

Camino Lebaniego Etapa 2 Quintana Cabañes 3

Nos quedaba un último esfuerzo hasta alcanzar Cabañes y el tiempo nos dio una tregua y nos permitió admirar un bonito arcoíris y ver las cumbres lejanas con sus nieves.

Camino Lebaniego Etapa 2 Quintana Cabañes 4

Hicimos noche en el albergue de Cabañes, que estaba saturadísimo de peregrinos lo que nos impidió estar cómodos.

El lunes emprendimos la última etapa. Únicamente eran 13 kilómetros hasta Santo Toribio y el sol volvió a brillar. El paisaje de los Picos de Europa con buen tiempo es una auténtica delicia.

Camino Lebaniego Etapa 3 Cabañes Santo Toribio

No faltaron tampoco alegres animalillos que se nos cruzaban o nos miraban sorprendidos.

Camino Lebaniego Etapa 3 Cabañes Santo Toribio 2

Finalmente, llegamos a la Puerta del Perdón de Santo Toribio de Liébana para encontrarla… cerrada, porque los monjes estaban en su hora de la comida. Esperamos pacientemente y entramos, besamos el Lignum Crucis y recibimos la Lebaniega.

Camino Lebaniego Etapa 3 Santo Toribio de Liébana Puerta del Perdón

Tras nuestra peregrinación si me preguntasen: ¿merece la pena el Camino Lebaniego? La respuesta sería que sí. Sus paisajes son impresionantes, los pueblos por los que pasa son bonitos y la satisfacción de haberlo hecho es grande. Pese a todo hay que estar mentalizados para muchos tramos con un desnivel importante.

Recorriendo Florida: de los Cayos al Centro Espacial Kennedy

Lo prometido es deuda y después de relatar mis impresiones sobre Miami continuamos con mi periplo por el estado de Florida.

Reconozco que cuando decidimos viajar a esta zona de EE UU los Cayos no estaban dentro de mis prioridades a visitar, básicamente porque desconocía su existencia. Sin embargo, todos los blogs que leí y la gente que conocía que había estado allí los recomendaba y no sólo como excursión, sino al más puro estilo “road trip”. Por ello, decidimos reservar un par de jornadas y hacer caso a los expertos.

Paisaje Cayos

Tuvimos mala suerte con el tiempo, porque fueron los días que más llovió, pero la recomendación mereció la pena. Este archipiélago comienza unos 24 km al sur de Miami y termina en Key West (Cayo Hueso en castellano) la ciudad más habitada y situada a unos 150 km de Cuba (y a más de 250 km de Miami), lo que la convierte en el punto más meridional de EE UU.

Southernmost Point

Para llegar hasta allí recorres la Overseas Highway, con multitud de puentes que unen las diferentes islas. Al lado de la autopista puede apreciarse (lo veis a la derecha en la foto) el antiguo trazado del tren, actualmente destruido tras el huracán de 1935.

Road trip Cayos

La arquitectura de los Cayos no tiene nada que ver con la de Miami. Aquí imperan las construcciones estilo colonial en madera y los negocios que se han instalado han mantenido la estética. En estas fotos de Key West podéis observar, abajo a la izquierda, primero el Hard Rock Café y luego la tienda de Gap.

Key West

El idioma en el que se comunican es inglés, al contrario que en Miami donde el castellano campa a sus anchas, y el tipo de comercio y el ambiente de Duval Street, la calle más turística de Key West, es más refinado.

Hay música en directo en multitud de bares. Salimos a tomar unas cervezas y acabamos en el Willie T’s famoso porque su clientela cuelga billetes de dólar en las paredes y techos.

Bar dólar Key West

Sólo hay un problemilla con los Cayos y es lo terriblemente caro que resulta alojarse allí. Hay mucha oferta, porque es una zona muy turística, pero los precios son desorbitados. No obstante, merece la pena descubrirlos y uno es capaz de encontrar cosas tan adorables como estos buzones.

Buzones

Del archipiélago volvimos a tierra firme y pusimos rumbo a Orlando para visitar el Centro Espacial Kennedy, situado en Cabo Cañaveral. Desde 1968 es el principal Centro desde el que la NASA lanza a sus astronautas al espacio.

Centro Espacial Kennedy

Realizan un recorrido muy didáctico por la historia de la Agencia Espacial y también muestran (a lo lejos y desde un bus) en lo que están trabajando ahora. Resulta muy interesante y fácil de entender. Una de las actividades más recomendables fue el encuentro con un astronauta, en nuestro caso, Fred Gregory, en el que explica su experiencia espacial.

La sensación que queda es que la NASA ha vivido épocas mejores, debido a los recortes presupuestarios que sufre en la actualidad. Están centrados en los viajes turísticos espaciales (donde el dinero lo ponen empresas privadas) y en la llegada del hombre a Marte (algo que ven bastante lejano).

Atlantis

Hasta aquí la segunda parte de nuestra visita a Florida. Me queda pendiente la última, y más mágica, Disney World.

Miami, una ciudad de contrastes

Estados Unidos es un país que me atrae y, pese a eso, sólo había conseguido ir un par de veces a mi querida Nueva York. Esta Semana Santa he aprovechado para poner remedio a este problemilla y he hecho un viaje por Florida con paradas en Miami, los Cayos y Orlando.

La última parte, en Orlando, ha estado centrada en visitar el Centro Espacial Kennedy, situado en Cabo Cañaveral, y Disney World. Han sido tantas las cosas que hemos visto y las experiencias vividas que, en esta entrada, me voy a centrar sólo en Miami.

Miami es la ciudad más poblada del estado de Florida y una de las más populares en EE UU, especialmente para el mundo latino. Hay multitud de series, películas… situadas allí lo que, antes de ir, te da un idea de lo que vas a encontrar.

Personalmente esperaba un ambiente muy latino, con gente de aspecto menos refinado que en Nueva York. Tras visitarla diría que esto es cierto y a la vez no.

Ante todo me ha resultado una ciudad de contrastes, donde unas zonas poco o nada tienen que ver con otras. El centro, o como ellos lo llaman, el Downtown, son enormes rascacielos al más puro estilo neoyorkino. Sin embargo, intentar pasear por esta área es desolador: no había prácticamente un alma.

Downtown Miami

Me habían avisado de que en Miami la gente se mueve en coche. No hay metro y entender cómo funcionan las distintas líneas de buses es una tarea, cuando menos, compleja. Del aeropuerto al hotel no tuvimos problema en llegar, pero movernos por los diferentes barrios de la ciudad nos resultó misión imposible.

Si hablamos de barcos es otra historia. El puerto de Miami es el que mayor volumen de cruceros alberga de todo el mundo. Para muestra algunos de los barquitos que vimos.

Yates puerto de Miami

Allí precisamente cogimos uno, bastante menos lujoso que los de la foto, para hacer un recorrido por las islas y las mansiones de los famosos. No pondría la mano en el fuego porque pertenezcan a las personas que nos dijeron, aunque, sea quien sea el dueño, son espectaculares. En teoría estas son las de Gloria Estefan y Ricky Martin.

Mansiones Gloria Estefan y Ricky Martin

El ambiente latino se palpa en las calles de la ciudad. Sinceramente, hablando sólo castellano puedes sobrevivir tranquilamente porque la inmensa mayoría de los habitantes se defienden en nuestro idioma.

Es especialmente significativa la gran comunidad de exiliados e inmigrantes cubanos. Su presencia es tal que tienen un barrio bautizado Little Havana. Allí todo es más colorido, los señores mayores juegan en grupo al dominó y se come estupendamente, todo un lujo en Estados Unidos.

Little Habana

La zona más conocida es la famosa Miami Beach. Es una isla comunicada con la ciudad y, en palabras de los lugareños, es “la playa”. Con unos arenales kilométricos de agua azul turquesa las calles que las rodean son turísticas y de estilo Art Deco. No hay edificios especialmente altos, no construyen en primera línea de playa y tienen un paseo marítimo perfecto para andar en bici. Tengo que agradecerle a mi amiga Amaia la recomendación de alojarnos aquí porque resultó todo un acierto.

Miami Beach

En Miami Beach encontramos absolutamente todos los tópicos esperables: cochazos impresionantes usados para fardar, silicona por todas partes y mucha gente que va a la playa a exhibirse. Sin embargo, también hay gente de lo más discreta que compensa los excesos de sus compatriotas.

Miami Beach Art Decó

En esta isla está también una calle de tiendas y restaurantes muy recomendable llamada Lincoln Road.

Termino mi visita a la ciudad no sin antes hacer una pequeña pausa en los Everglades, un inmenso parque natural de humedales en el que habitan diversas especies, entre ellas, los temidos alligator. Reconozco que, durante nuestro paseo en barco, no vimos ninguno, pero eso no nos impidió disfrutar de la belleza del paisaje.

Everglades

Y hasta aquí Miami. Prometo volver con más relatos estadounidenses. See you later, alligator.

Madrileando

Después de mi adorada Londres, y con permiso de NY, Madrid es la ciudad que más me gusta para una escapada. La capital lo tiene todo: una oferta cultural, gastronómica y de ocio en general que ofrece al visitante múltiples posibilidades.

Si además tienes la suerte de residir a una distancia que te posibilita ir a pasar un fin de semana, y cuentas con geniales amigos que te sirven de guía y te acompañan, la combinación resultante es maravillosa y agotadora a partes iguales.

Aquí están mis últimos descubrimientos tras mi reciente escapadita.

De compras
Primark

Conocí Primark (más bien su vertiente irlandesa Penneys) en 2008 durante mi estancia en Cork y Dublín y mis compañeras de piso saben que fue mi pequeña perdición. El tema empeoró al volver a Portugalete y comprobar que abría en el centro comercial Ballonti, situado a un cuarto de hora andando de mi casa.

Cuando leí que iba a situar su tienda enseña en la Gran Vía madrileña supe que, tarde o temprano, la visitaría. Ha sido más bien tarde, ya que se inauguró en octubre de 2015, aunque las grandes colas de las que todo el mundo hablaba han provocado que me lo tomase con calma.

La espera ha merecido la pena. El edificio es espectacular, el surtido muy amplio y no estaba abarrotada, pese a ser sábado. Me llamó la atención que, en un golpe de marketing de lo más efectivo, han lanzado productos personalizados de Madrid. Sólo me queda encontrar la famosísima taza de Chip, de ‘La bella y la bestia’, para que mi felicidad sea completa, pero esa búsqueda la reanudaré en la Noble Villa.

Primark Gran Vía

De concierto
La noche de Cadena 100

Soy una fiel oyente de Cadena 100 y, muy especialmente, del programa matutino ‘Buenos días Javi y Mar’ que me lleva acompañando muchos años. Siempre me quedaba con ganas de acudir a uno de sus multitudinarios conciertos solidarios y este año he logrado mi objetivo.

La noche de Cadena 100 recaudó fondos para los niños sirios refugiados en Líbano y reunió a artistas como Nek (por el que no pasan los años y que nos deleitó con su clásico ‘Laura no está’), Estopa, mi adorado Melendi, La oreja de Van Gogh, Amaral, Vanesa Martín…

Especialmente recomendables, por su energía en el escenario, fueron Rosana y Rosario y también me sorprendió gratamente David Bisbal con dos remix de sus grandes éxitos, uno en clave más movida y otro de baladas.

La noche de Cadena 100

Restaurante
Alfredo’s

Antes de llevarme me prometieron “la mejor hamburguesa de toda España” y no tengo datos para comprobarlo, aunque, definitivamente, son hamburguesas buenísimas y a precios muy moderados. La carne hecha a la parrilla estaba sencillamente deliciosa y la decoración te transporta a los locales clásicos americanos.

Alfredo's

El sitio
Matadero

Llevaba tiempo oyendo hablar de este centro artístico que tan de moda se ha puesto y tenía ganas de visitarlo. El complejo es enorme y merece la pena sólo por ver cómo lo han rehabilitado conservando su esencia. Además, coincidió que había un mercado de productores con puestos de comida así que pudimos degustar especialidades como los mojos canarios y el clásico bocata de calamares.

Matadero

Lo mejor de 2016

El clásico de los clásicos de cada 31 de diciembre ya está aquí: el repaso a lo que ha dado de sí mi 2016 en viajes, libros y música. Pasen y lean.

Viajes

Además de ir un par de veces a la costa Mediterránea y de la escapadita de rigor a mi adoradísima Londres, el año me ha cundido bastante en materia de viajes. Mi estancia en Ginebra me ha permitido visitar la ciudad suiza y ver de cerca el Mont Blanc. Los Alpes son espectaculares y el pueblo de Chamonix tiene muchísimo encanto.

El buen tiempo me ha dejado redescubrir Venecia, que luce mejor con el sol invernal que con niebla y lluvia, y conocer Padova y Verona. Por si fuera poco, 2016 me ha servido para sacarme la espinita y llegar (a la segunda va la vencida) a Ámsterdam. La ciudad es muy agradable, con sus canales y sus barcazas, aunque lo que me ha enamorado han sido sus pueblecitos de alrededor: molinos impresionantes, casitas de pescadores… Una preciosidad.

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Uno de mis propósitos era cambiar de continente en algún punto del año y lo conseguí, de la forma más inesperada, con un viajecito a la Rivera Maya mexicana. Playas tan impresionantes e idílicas como uno pudiera esperar combinadas con multitud de ruinas históricas. Muy recomendable.

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Libros

Prácticamente he leído lo mismo que en 2015 y entre lo que más me ha gustado tengo dos nuevas recomendaciones de autoras recién descubiertas. ‘Hijas de la luz del Norte’ de Christine Kabus nos traslada al norte de Noruega con dos protagonistas, en dos épocas distintas, cuyas historias va intercalando. Es un poco estilo Sarah Lark, pero con menos giros inesperados y menos culebrón.

‘The teashop on the corner’ de Milly Johnson reúne, alrededor de una adorable tienda/cafetería, a diversos personajes que se enfrentan a puntos cruciales de sus vidas. Muy coral y muy bonita.

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En el ámbito navideño estoy inmersa en ‘La huella de un beso’ de Daniel Glattauer. Un perro de lo más peculiar será el causante de la unión entre los protagonistas, una pareja que no acaba de encajar en los estándares de lo convencional.

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Música

No soy seguidora habitual de Manuel Carrasco, pero tras acudir a su concierto de la gira ‘Bailar el viento’ quedé muy sorprendida con su directo. Suena muy bien, deja ver que es un gran músico y compositor y tuvo un guiño especial con Santurtzi.

Mi querido Melendi acaba de lanzar ‘Quítate las gafas’ y aún estoy empezando a escucharlo. De momento, me gusta lo que voy descubriendo. Buenas letras y el single ‘Desde que estamos juntos’ supone un cambio de estilo total. En primavera vendrá en directo y espero estar allí.

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En definitiva, 2016 ha sido un año más positivo que negativo. Bastantes viajes a destinos inesperados y cambios vitales para mejor. En cuanto a lo negativo he aprendido que hay personas que es mejor sacar de tu vida y parafraseando a David de María desearles “tanta paz te lleves como calma me dejaste”.

Me despido con una viñeta de Peanuts porque a mí, como a Lucy, a veces tampoco me da la vida.

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¡Feliz 2017!