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Viajar, conocer sitios nuevos…

De compras en Londres

No es la primera vez, ni será la última, que dedico una de mis entradas a la capital del Reino Unido. Londres es una de las ciudades más atractivas del mundo. Un sinfín de culturas unidas y de planes para hacer y gente por conocer.

Hoy voy a centrarme en uno de esos placeres confesables que ofrece: las compras, haciendo un repaso por algunos de mis establecimientos favoritos. Antes de comenzar un pequeño aviso para navegantes, cualquiera que me conozca un poco sabe que los mercadillos son mi perdición. Es herencia de mi abuela con la que recorrí, desde bien pequeña, los distintos puestos del de Oriñón. Por tanto, todas las tiendas que descubriremos hoy están ubicadas en mercadillos.

Portobello Road

Ya lo decía la canción de ‘La bruja novata’ (una película un tanto ninguneada del universo Disney) en Portobello Road “se compra y se vende hasta el sol“. Esta calle, ubicada en la maravillosa zona de Notting Hill, es una parada obligada para cualquier turista.

Empezamos por el número 131 y ‘The blue door’. Es una tienda de regalos, con souvenir típicos, pero, lo que realmente enamora son los carteles con las frases más variopintas para colgar en nuestros hogares. Una auténtica delicia. Aquí tenéis algunos que ya habitan en mi casa.

The Blue Door - Portobello Road -  Nahia Nebra.jpg

El recorrido lo acabaríamos en ‘Oxfam bookshop’, ubicada en el número 170. Una gran variedad de libros de segunda mano a precios irrisorios y, además, aportando un granito de arena a una buena causa. No hay viaje en el que no acabe con más de cinco adquisiciones. Una tienda donde pasar horas y horas.

Candem

Sé que es uno de los favoritos de los turistas, aunque confieso que, en ocasiones, me abruma la cantidad de gente y la agresividad de algunos comerciantes.

Llega el momento de ver ropa y dónde mejor que en ‘Collectif‘, en el 36 de Camden’s Stables Market. Ofrecen multitud de prendas estilo vintage. Sus precios no son especialmente baratos, pero, en rebajas, hacen buenos descuentos. Vestidos favorecedores y originales.

Colectif Canden Nahia Nebra

Covent Garden

No podemos terminar sin hacer una parada en una de mis partes favoritas de la ciudad. Ubicada en pleno centro hay restaurantes, bares donde tomar algo, comercios… y un ambiente extraordinario.

Antes de llegar al mercado, en el 5-6 de James St., encontramos la papelería sueca ‘Kikki. K‘. No tiene aún establecimientos en España, cuenta con diseños limpios y difunde mensajes positivos.

Kikki K Covent Garden Nahia Nebra

En la planta baja del propio mercado está ‘Sass & Belle‘. Vende objetos de decoración, como este adorable cojín con forma de búho. Su transporte me salió carísimo porque tuve que acabar facturando la maleta. Problemillas derivados de comprar en Londres.

Sass & Belle Covent Garden Nahia Nebra

No quiero desaprovechar la ocasión de que veáis con qué cuidado miman sus escaparates en la capital británica. Cualquier ocasión es buena para que creen auténticas preciosidades y ¿qué mejor excusa que la boda del príncipe Harry? Las tiendas que aparecen en la foto son ‘Collectif’, la adorable ‘Cath Kidston‘ y ‘El Ganso‘.

Escaparates Londres boda Megan y Harry Nahia Nebra

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Irlanda

“Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, dice Sabina en ‘Peces de ciudad’. Sin embargo, contradiciendo su consejo, he vuelto a Irlanda tras vivir allí, hace diez años, los que fueron unos de los mejores tres meses de mi vida.

Fue una experiencia laboral y, sobre todo, vital totalmente enriquecedora. Tuve la enorme suerte de conocer a un grupo de personas, que se convertirían en mis amigos, con una mentalidad abierta, tolerante y una forma sencilla de ver las cosas.

Una década más tarde seguimos unidos y, aunque no son el grupo que más a menudo veo, me siento muy cómoda con ellos y la comunicación sigue siendo igual de sencilla que siempre.

Así pues, cuatro de nosotros decidimos embarcarnos en un periplo para redescubrir Irlanda. ¡Y vaya si lo conseguimos!

Irlanda del Norte

En 2008 me quedé con ganas de visitar la ‘Calzada de los gigantes’. Patrimonio de la humanidad desde 1986, esta área de columnas de basalto tiene una curiosa leyenda. Un gigante irlandés y uno escocés se llevaban muy mal y se tiraban rocas el uno al otro. Tantas rocas se tiraron que formaron un camino de piedras sobre el mar. Entonces, el escocés decidió recorrer el camino para pelear con su adversario. Cuando llegó, la mujer del irlandés, viendo que su tamaño era mucho mayor que el de su marido, decidió vestirle de bebé. El escocés, al ver el tamaño del niño, salió huyendo, pensando que su padre sería inmenso, y pisó muy fuerte las rocas para hundirlas en el mar.

Calzada de los Gigantes

Otro punto digno de ver en la zona es el puente de colgante de cuerda de Carrick-a-rede. Abstenerse aquellos que sufran de vértigo, pero las vistas de la costa, una vez pasado el mal trago, son absolutamente impresionantes.

Carrick-a-rede

Donegal

En el condado de Donegal conocimos los acantilados de Slieve League. El agua parece negra desde arriba. Merecen la pena, pero sólo si ya has visto los de Moher. Además, nos perdimos para acceder y acabamos subiendo a un maravilloso monte con viento helador y niebla. Toda una experiencia, sin duda.

Slieve League

Galway

En las inmediaciones de esta ciudad costera, con mucho ambiente universitario, se sitúan estas casas tan curiosas.

Casas Galway

Bandon

A partir de aquí, el resto del viaje consistió en revisitar zonas que ya conocíamos. Empezando por Bandon, un pueblecito cercano a Cork, en el que estuvimos formándonos las tres primeras semanas tras llegar.

Mentiría si dijera que volver no me produjo una sensación agridulce para la que no estaba del todo preparada. Una mezcla entre alegría y nostalgia, por los momentos felices vividos. El pub O’Hara’s y su biblioteca, dos de nuestros puntos de encuentro, seguían igual diez años después.

Bandon biblioteca y O'Hara's

Dublín

Tras unos días en Cork llegamos a nuestro destino final: Dublín, donde, hace una década, realicé prácticas en la revista ‘Consumer Choice’ de la Asociación de Consumidores Irlandeses.

Dublín seguía tal y como la habíamos dejado y me fue relativamente sencillo orientarme por el centro, exceptuando el pequeño detalle de la estatua de Molly Malone, que me la habían movido de sitio.

Mi parque predilecto, St. Stephen’s Green, y la calle de tiendas, Grafton St., continuaban tan bulliciosas como siempre.

Grafton St

Un fuerte resfriado me impidió disfrutar al 100% de la ciudad, aunque redescubrí mucho más ambiente del que recordaba. Multitud de música en directo en los pub, con intérpretes más que notables.

Temple Bar

Y por fin entré en la famosa biblioteca del Trinity College y debo admitir que con lo que se ve desde la tienda, no merece la pena pagar la entrada.

Trinity College

En definitiva, un viaje distinto en el que se mezclaron nuevos descubrimientos con miles de recuerdos muy gratos.

Harry Potter the exhibition

Pocas veces una exposición ha suscitado tanto interés como ‘Harry Potter, the exhibition’. Inaugurada en Madrid, el pasado 18 de noviembre, estaba previsto que terminase a principios de enero, pero, ya antes de su inicio y debido al enorme éxito de venta de entradas que estaban teniendo, sus organizadores decidieron prorrogarla hasta el 2 de abril.

La muestra ya había congregado a cinco millones de visitantes en su paso por ciudades como Nueva York, Shanghái, París, Bruselas, Seattle y Sídney y, hasta el momento, ha reunido a más de 250.000 personas en Madrid.

Una de las grandes ideas para darla a conocer ha sido colocar cuatro esculturas con diferentes objetos en el centro de la ciudad. Me gustó especialmente la del sombrero seleccionador.

Tras haber leído todos los libros de Harry Potter (reconozco que no he visto las películas), tuve la oportunidad de adentrarme en el universo mágico acompañada por mis amigos Carlitos y Dani.

Uniformados con gafas a imagen y semejanza del propio Harry y con camisetas relacionadas con la saga (Primark ha tenido una idea sensacional desarrollando todo tipo de merchandising a precios competitivos) acudimos a Ifema dispuestos a dejarnos sorprender.

¿Qué nos encontramos? Lo primero de todo gente, muchísima gente. Pese a tener una hora de entrada eso no te libra de las colas. Llegamos justísimos (gracias a mi enorme puntualidad) y, aún así tuvimos que esperar más de media hora porque iban con retraso. Una vez dentro la gente también resultaba agobiante y dificultaba acercarse a ver determinadas cosas.

Quitando este inconveniente hay que reconocer que es una muestra muy completa con multitud de objetos del mago, sus amigos, sus enemigos… divididos en distintos escenarios.

Entre las partes que más llamaron mi atención destacan la cama de Harry Potter y su túnica.

También objetos míticos como la capa de invisibilidad, la Copa de los Tres Magos y las grageas de sabores que van desde los clásicos de limón y sandía, hasta los asquerosos como vómito y huevo podrido. He probado algunas y están muy logradas.

Descubriremos a criaturas fantásticas que habitan el Bosque prohibido como el hipogrifo Buckbeak, la acromántula Aragog y un dragón.

Y podremos practicar quidditch, eso sí, sin montar en la escoba.

Por último, no podía faltar la zona oscura con los mortífagos y Voldemort. Los carteles de ‘Wanted’ nos sirven para recordar que, en un tiempo oscuro, hasta Harry Potter fue considerado un enemigo a batir.

En definitiva, una exposición muy completa, ideal para toda la familia y que te lleva de vuelta al universo de Hogwarts. Probablemente ahora, que ha pasado el boom inicial, pueda visitarse con más tranquilidad.

Lo mejor de 2017

Otro año que acaba y ya estoy centrada en los propósitos para un 2018 que promete. Sin embargo, antes toca echar la vista atrás y repasar lo que ha dado de sí un 2017 que quizá no sea especialmente memorable en comparación con sus predecesores, pero que sí deja un regusto más que positivo.

Viajes

Uno de mis objetivos para 2017 era cruzar el charco y estoy orgullosa de haberlo conseguido. El viaje a Miami, pasando por los Cayos y visitando la NASA y mi adorado Disney World, ha sido inolvidable. No me olvido que os debo una entrada específica sobre el mágico mundo de Mickey Mouse y sus amigos.

Disney World

El resto del año no ha sido tan espectacular en este sentido, aunque no puedo dejar de mencionar mi escapada a Ibiza y Formentera, con sus playas paradisíacas; el redescubrimiento de Cádiz con sus pueblos blancos y sus arenales interminables; los días pasados en mis adoradas Londres y Madrid; y la experiencia vital que supuso el Camino Lebaniego.

Además, tengo que añadir que 2017 me ha servido para redescubrir Barcelona, esa ciudad que siempre veía mal y corriendo. Su barrio gótico y la zona de Born me han encantado.

Formentera - Barcelona

Música

Mi querido Melendi siempre es un acierto en directo y no defraudó en la presentación de su álbum ‘Quítate las gafas’. El que no me convenció del todo fue El arrebato, en su recital en el teatro Barakaldo, no es el formato más adecuado para su tipo de música.

Cumplí una de mis ilusiones acudiendo en Madrid al concierto de Cadena 100 con multitud de artistas de primer nivel y no pude resistirme a ver, por tercera vez y en compañía de mi amiga Sandra todas ellas, ‘Wicked’, el musical de los musicales.
En este ámbito otra grata sorpresa fue ‘Cabaret Chihuahua’ una obra original, novedosa y que atrapa al espectador con su ritmo, su temática y sus canciones.

Cabaret Chihuahua

Libros

He leído prácticamente lo mismo que en 2016, una cantidad más que digna. Entre lo más recomendable ‘Summer at shell cottage’, de Lucy Diamond, que me ayudó a recordar la importancia del perdonar al resto para poder estar en paz con uno mismo.

Menos profundo, aunque más aventurero y con mucho ritmo es ‘Mar abierta’, de María Gudín, como todas sus obras bien documentada, ágil y una buena forma de acercarse a algunos pasajes históricos menos conocidos.

Summer at shell cottage - Mar abierta

Como estamos en plenas fiestas estoy inmersa en la lectura navideña anual. En 2017 ha tocado ‘Last Christmas’ de Julia Williams, cuatro personajes y sus vidas en torno a un pequeño pueblecito. Hay tres libros más tras este así que tengo entretenimiento para unos años.

Last Christmas

Me despido con un poco de humor y Garfield en estado puro y os deseo un muy ¡feliz 2018!

Garfield

Escapadas: Las Landas y Rioja Alavesa

Me encanta hacer una escapada de fin de semana a lugares cercanos, porque te permite romper con la rutina y te da la sensación de que has tenido unas minivacaciones.

En septiembre y octubre he realizado dos escapadas a Las Landas y a la Rioja Alavesa, lugares que ya conocía, pero que no visitaba hacía tiempo. Ha sido sólo una noche en cada sitio, pero me ha servido para redescubrirlos, reafirmarme o cambiar mis primeras impresiones sobre ellos y, lo más importante, desconectar.

Las Landas, en el sur de Francia, es una región de extensos bosques de pinos e interminables playas. La recorrí por primera vez en la Semana Santa de 2010 y volví impresionada con sus paisajes, pero la temperatura aún era fresca como para disfrutar de sus arenales.

Septiembre ha sido el mes elegido para mi segunda vez y he tenido la suerte de que el tiempo ha acompañado. Estoy convencida de que con un clima más cálido sus playas serían la envidia de muchas otras. Son largas, de arena fina, protegidas por dunas y no cuentan con edificaciones cercanas. La única pega son las enormes olas, maravillosas para los amantes del surf, aunque no tanto para el común de los bañistas, junto con la baja temperatura de sus aguas.

Las Landas

Nos hospedamos al lado del lago de Port d’Albret que es un oasis de tranquilidad.

Lago Port d'Albret

Además, estábamos a un agradable paseo del pueblo, donde había mucha animación con música callejera y gente en diversas terrazas.

En definitiva, volveré a visitar esta zona, cuyo inconveniente es la relación calidad-precio de sus alojamientos, muy inferior a la de otras regiones como Cantabria y Asturias.

Soutons

La vendimia este año se ha adelantado y para cuando fui a la Rioja Alavesa ya había concluido. Sin embargo, eso no hizo que el paisaje otoñal en los viñedos no fuese sencillamente espectacular.

Viñedos Rioja Alavesa

Recorrimos Labastida, Elciego y Laguardia y aquí sí que admito que mis primeras impresiones cambiaron bastante. Recordaba Labastida y Elciego más espectaculares de lo que las he visto en esta ocasión. Por el contrario, Laguardia me conquistó con su Casco Histórico que recibe así al visitante.

Recibimento Laguardia

Y sus esculturas viajeras, que habían dejado huella en mi memoria.

Esculturas Viajeros Laguardia

Volveré con más calma a pasear por esta preciosa villa alavesa en alguna de esas excursiones otoñales que tan bien vienen.

Verano de contrastes: de Cádiz a Londres

¿Qué tienen que ver Cádiz y Londres? A priori más bien poco y, sin embargo, ambos eran destinos que ya había visitado y han vuelto a ser los elegidos para mis vacaciones veraniegas de este año.

Admitiré que hubiese preferido un viaje más lejano o exótico, pero, pese a todo, he disfrutado enormemente de ambas y he descubierto múltiples rincones nuevos.

Lograr juntarte con tres amigas de toda la vida para hacer una escapada es, teniendo en cuenta nuestras agendas, prácticamente misión imposible. No obstante, cuando menos planeas las cosas es cuando mejor salen y así surgió, como de la nada, esta idea.

En mi primera visita a Cádiz, en 2014, conocí Conil de la Frontera, Zahara de los Atunes y, muy fugazmente, la capital y el Puerto de Santa María. Este año no he repetido ninguno de los anteriores así que todo han sido novedades.

Nos alojamos en un coqueto apartamento de Rota y desde allí hicimos excursiones a las cercanas Sanlúcar de Barrameda, para degustar sus deliciosas gambas; y Chipiona, donde el monumento a Rocío Jurado fue parada obligada.

Sanlúcar de Barrameda - Chipiona

También nos bronceamos en las playas de Tarifa, entre viento, barros y tablas de windsurf y kite surf; y en las recogidas calas de Roche.

Tarifa

Y disfrutamos de la luz y la puesta de sol del precioso Vejer de la Frontera.

Vejer de la Frontera

Tras Cádiz, pasando unos días por casa, que siempre es necesario, le llegó el turno a Londres, mi ciudad adorada. El verano allí es, como en el norte, imprevisible y en cuestión de días pasamos del calor sofocante al frío otoñal.

Siempre digo, y me reafirmo, que es un lugar con una infinidad de cosas por descubrir. Este año, aparte de los clásicos de siempre, en los que incluso repetimos una tercera vez el musical de los musicales, ‘Wicked’, añadimos una visita al museo de Historia Natural. Sus dinosaurios me resultaron especialmente impresionantes.

Museo de Historia Natural de Londres

Además, vi desde abajo el “pirulí” de la City y descubrí una tienda maravillosa de vestidos, estilo pin-up, llamada Collectif, en Spitalfields Market.

Pirulí de la City de Londres

Para terminar, una curiosidad, nunca me había planteado qué eran estas preciosas casas, ubicadas al lado de Regent St., son, nada más y nada menos, que el centro comercial Liberty. Merece la pena recorrerlo por dentro.

Centro comercial Liberty de Londres

El Camino Lebaniego

Un fin de semana del pasado enero visité, por primera vez, la zona de Potes. Pese a vivir relativamente cerca nunca había recorrido esta preciosa parte de Cantabria. La escapada me sirvió para descubrir un camino hasta entonces desconocido: el Camino Lebaniego.

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana celebra, desde 1512, el Año Santo Lebaniego siempre que el 16 de abril, festividad de Santo Toribio, cae en domingo. El honor de celebrar el Año Jubilar, únicamente compartido desde la Edad Media con Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela, es debido a que conserva el trozo más grande de la Cruz de Cristo, el Lignum Crucis. En abril de 2017 ha dado comienzo un nuevo Año Lebaniego.

La Lebaniega, nombre de la credencial, se obtiene tras recorrer los sesenta y tantos kilómetros que separan San Vicente de la Barquera de Santo Toribio de Liébana.

Tras realizar en 2015 los últimos ciento y pico kilómetros del Camino de Santiago, y obtener la Compostelana, el Camino Lebaniego me pareció un plan perfecto. La distancia geográfica nos permitía desplazarnos a San Vicente una mañana de sábado y andar ese día, el domingo y el lunes. Así lo hicimos aprovechando el festivo del 1 de mayo.

Como en todas mis grandes ideas me encanta de rodearme de gente tan entusiasta como yo. En esta ocasión el equipo lo formamos Kris, con la que ya había peregrinado hasta Santiago; Sendoa, que la anterior vez se quedó con las ganas; e Irati, que ha sido todo un descubrimiento en lo que a estar en forma se refiere.

Camino Lebaniego Etapa 1 Peregrinos

He de admitir que, la experiencia, hizo que Kris y yo fuésemos relativamente tranquilas, aunque la realidad demostró que el Camino Lebaniego es bastante más duro que las etapas gallegas. No obstante, la actitud positiva mantenida por el grupo en general fue clave para que continuásemos de buen humor y alcanzásemos nuestro objetivo.

Dividimos las etapas basándonos en el desnivel (dejando menos kilómetros para la etapa con mayor desnivel) y los alojamientos. En la primera recorrimos los casi 30 kilómetros que separan San Vicente de la Barquera de Quintanilla.

El municipio del que es originario Bustamante nos recibió con sol, y así se mantuvo todo el día, lo que agradecimos enormemente.

Camino Lebaniego Etapa 1 San Vicente de la Barquera

Los kilómetros que acompañan la senda fluvial del Nansa son de una gran belleza, aunque nos perdimos (en general es un camino bastante peor indicado que el de Santiago) y acabamos andando más de la cuenta en una etapa de por sí larga.

Camino Lebaniego Etapa 1 Senda Fluvial Nansa

Hicimos la primera noche en Quintanilla en una pensión, en la que también cenamos, desayunamos y descansamos perfectamente. Así, el domingo salimos preparados para la segunda etapa, que llega hasta Cabañes. Y aquí empezaron nuestros problemas…

Prácticamente no dejó de llover en todo el día. Llevábamos chubasquero, pero es terriblemente molesto que no pare de lloverte encima. Además, esto provocó auténticos barrizales en diversas partes del camino.

Camino Lebaniego Etapa 2 Quintana Cabañes

Concretamente, el tramo entre Cicera y Lebeña fue absolutamente infernal. Descrito en la web del Gobierno de Cantabria como “un bosque de robles, hayas con ejemplares milenarios” la realidad es que es una de las partes con mayor desnivel (la etapa en sí tiene más de 1.000 metros de desnivel) y en la que, literalmente, no hay camino, sino que más bien hay que escalar con un precipicio al otro lado. Una joyita.

Camino Lebaniego Etapa 2 Quintana Cabañes 2

Afortunadamente, después de la tormenta siempre llega la calma (como bien canta Alejandro Sanz) y al llegar a Lebeña paró de llover, lo que nos permitió apreciar tanto el pueblo como la iglesia Santa María de Lebeña, construida en el año 925.

Camino Lebaniego Etapa 2 Quintana Cabañes 3

Nos quedaba un último esfuerzo hasta alcanzar Cabañes y el tiempo nos dio una tregua y nos permitió admirar un bonito arcoíris y ver las cumbres lejanas con sus nieves.

Camino Lebaniego Etapa 2 Quintana Cabañes 4

Hicimos noche en el albergue de Cabañes, que estaba saturadísimo de peregrinos lo que nos impidió estar cómodos.

El lunes emprendimos la última etapa. Únicamente eran 13 kilómetros hasta Santo Toribio y el sol volvió a brillar. El paisaje de los Picos de Europa con buen tiempo es una auténtica delicia.

Camino Lebaniego Etapa 3 Cabañes Santo Toribio

No faltaron tampoco alegres animalillos que se nos cruzaban o nos miraban sorprendidos.

Camino Lebaniego Etapa 3 Cabañes Santo Toribio 2

Finalmente, llegamos a la Puerta del Perdón de Santo Toribio de Liébana para encontrarla… cerrada, porque los monjes estaban en su hora de la comida. Esperamos pacientemente y entramos, besamos el Lignum Crucis y recibimos la Lebaniega.

Camino Lebaniego Etapa 3 Santo Toribio de Liébana Puerta del Perdón

Tras nuestra peregrinación si me preguntasen: ¿merece la pena el Camino Lebaniego? La respuesta sería que sí. Sus paisajes son impresionantes, los pueblos por los que pasa son bonitos y la satisfacción de haberlo hecho es grande. Pese a todo hay que estar mentalizados para muchos tramos con un desnivel importante.