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Portugalete de Playmobil

Los Playmobil siempre me han parecido unos muñecos de lo más ocurrentes. Sus accesorios están elaborados hasta el mínimo detalle y recuerdo haber jugado frecuentemente con ellos, navegando en su barco pirata y defendiendo su fuerte.

Cuando leí que el Museo Rialia organizaba una exposición en la que repasaba la historia de Portugalete a través de los Playmobil supe que tenía que acudir a verla. La obra, del coleccionista Luis Fernández, cuenta con más de 12.000 piezas y es impresionante.

Voy a compartir algunas fotos, pero merece la pena observarla en directo porque hay muchos detalles que se pierden en las imágenes. Además, proponen un juego muy entretenido que consiste en buscar a ciertos personajes “infiltrados”. Es una buena idea porque hace que repares en aspectos que si no pasarían inadvertidos.

Empezamos con el faro, la Escuela de Naútica y las piscinas.

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Seguimos con nuestro querido Puente Colgante, el Gran Hotel y, en la ría, las traineras más representativas de la zona, entre las que destaca especialmente la jarrillera.

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Terminamos esta primera parte con el quiosco de música, el mercado de aldeanas con sus frutas, verduras y flores, el propio Museo Rialia y el mítico gasolino.

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Comenzamos la segunda parte volviendo la vista atrás y recreando la antigua playa.

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Continuamos con el Casco Histórico y la Basílica de Santa María con sus vidrieras, la estatua de la fundadora de la Villa María Díaz de Haro (en realidad está en otra zona, pero es un acierto “trasladarla” aquí en esta exposición), la Torre de Salazar y el Ayuntamiento. En el agua observamos que se disputa un partido de waterpolo, deporte de gran tradición en el municipio.

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Finalizamos con la estación de tren y el Txinbito surcando las aguas.

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En definitiva, una muestra de lo más recomendable para portugalujos, habitantes del Gran Bilbao e incluso turistas que quieran conocer más en profundidad la Noble Villa. Concluye el 28 de febrero así que aún quedan unos días para descubrirla.

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Nancy se viste de moda

En 1968 fábrica de juguetes alicantina Famosa lanzaba al mercado una de sus creaciones más emblemáticas: Nancy. Desde entonces se han vendido más de 25 millones de unidades de esta muñeca, lo que la convierte en un auténtico éxito.

El Museo del Traje de Madrid propuso a una veintena de diseñadores españoles que idearan vestuario, peinado y complementos para Nancy. El resultado puede visitarse, por dos euros, en una exposición que, desde el pasado 22 de diciembre y hasta el 30 de abril, ha recalado en el Museo Rialia de la noble villa de Portugalete.

Allí se observan distintos estilos. Por ejemplo, informal, pero arreglada, de la mano de Ángel Schlesser; con un toque flamenco y lencero de Andrés Sarda; punki y playera.

Nancy estilos

También están las variantes góticas con maquillajes imposibles y flequillos que tapan la cara. Las dos de la derecha son, de arriba abajo, de Amaya Arzuaga y Devota y Lomba.

Nancy gótica

Destaca la vertiente más clásica y nupcial de Juanjo Oliva, así como otra opción que está entre novia e ibicenca.

Nancy novia

Sin embargo, los modelitos raros se llevan la palma. Vestida de cursi galleta, de señorita bien por Ion Fiz, de castigadora por Agatha Ruiz de la Prada y emulando a Frida Kahlo por Maya Hansen.

Nancy original

Si tengo que quedarme con uno me decantaría, sin duda, por la versión elegante de Helena Rohner.

Nancy elegante

Una muestra muy recomendable, y apta para todos los bolsillos, para los amantes de la moda y las muñecas.

¡A cenar!

Probar sabores diferentes en un ambiente nuevo es lo mejor de ir por primera vez a un restaurante. Degustar un plato que, normalmente, no comemos en nuestros hogares es uno de los mayores alicientes a la hora de elegir menú.

Además, a veces, un restaurante nos gusta tanto que acabamos convertidos en clientes habituales del establecimiento. Hoy sugeriré seis sitios a los que no me importa volver. Algunos son nuevos descubrimientos y otros viejos conocidos, lo único que tienen en común es que su comida logra abrir mi apetito.

Crepe and Crepe
Centro Comercial Artea

Había oído hablar muy bien de esta crepería, situada en la zona de restaurantes del Centro Comercial Artea. Ayer fui por primera vez y la experiencia fue muy positiva. Tienen una amplia carta de crepes de sabores salados (quesos, verduras y carnes) y dulces (chocolate, fresa…).

Como entrante tomamos una Ensalada presi (lechuga, patata cocida, langostinos, setas a la plancha y crema balsámica) y luego compartí un Crepe Chef (huevo frito, mozzarela fundida, salsa de albahaca, tomate, setas, orégano y jamón serrano) y un Crepe Popeye (espinacas, champiñones, quesos mozzarella y brie fundidos, cubierto de bechamel y queso parmesano).

Todo buenísimo y los camareros son muy simpáticos. El precio rondó los 12 euros. Tengo pendiente volver para probar los crepes dulces.

Ají Colorado
Bilbao

Otro de mis descubrimientos recientes. Un restaurante especializado en cocina peruana y situado en la calle Barrenkale del Casco Viejo bilbaíno. Los sabores de la cocina de este país andino me encantaron.

Aparte del clásico ceviche (pescado crudo que se cuece en frío gracias al efecto acido del limón), destacaría el ají de gallina (una crema espesa compuesta por gallina, previamente cocida y luego desmenuzada, y servida con arroz blanco).
Si tuviera que comparar la cocina peruana con la de alguna otra nación diría que es una mezcla entre la hindú y la mexicana. Aunque lo mejor, como siempre, es degustarla para poder opinar.

El precio de la cena en el Ají Colorado se acercó a los 20 euros (incluyendo vino, pan, postre, plato principal y entrantes para compartir).

Garibolo
Bilbao

Un vegetariano estupendo que se encuentra en Bilbao (entre Abando y Zabalburu). El menú del día cuesta 12,50 euros e incluye tres platos y postre.

Sus especialidades son las albóndigas vegetarianas y la sublime tarta de zanahoria con chocolate y coco. No soy muy aficionada a los dulces, pero ésta es una de las mejores tartas que he probado.

No es recomendable ir con prisa, ya que, con tantos platos, se tarda un poco en comer.

Nopal
Portugalete

La céntrica calle Correos de la Noble Villa de Portugalete acoge el mejor restaurante mexicano en el que he estado. Regentado por nativos del país, ellos te aconsejan sobre las mejores especialidades, cómo elegir las raciones…

El servicio es de lo más atento y, al final de la cena, te sacan una foto con el típico sombrero mexicano y, posteriormente, la cuelgan en su página web. El precio ronda los 20 euros.

Es un sitio muy agradable para tomar un cóctel y sirven varios tipos de margaritas.

Texas Embassy
Laredo

Conocido entre mi grupo de amigos como “el americano” su menú se asemeja al del Foster´s Hollywood, aunque sus precios son más económicos (se cena por unos 11 euros). La carne de las hamburguesas tiene mucho sabor y las patatas con queso y bacon son adictivas. Mi plato favorito es la ensalada con pasta y pollo.

El original está en la zona de El Puntal, de Laredo, pero este año han abierto otro detrás del Ayuntamiento. Recomiendo ir al de siempre porque el local es más amplio, el ambiente es más tranquilo y atienden mucho más rápido.

Piculín
Laredo

En la Puebla Vieja de Laredo está la bocatería Piculín. El local no tiene sitio para sentarse, por lo que hay que pensar antes dónde se va a comer. Además, elaboran todo al momento y eso genera largas colas a algunas horas.

Sin embargo, todos estos inconvenientes merecen la pena tras probar sus especiales. Por ejemplo, el de pechuga lleva huevo en forma de tortilla, pimiento verde, queso y salsa rosa. Una combinación exquisita.

Los precios son irrisorios y rondan los tres euros y poco. Es todo un espectáculo observar la coordinación de la pareja que lo regenta preparando bocadillos, hamburguesas y sándwiches.

Ahora me gustaría probar un egipcio, un alemán y un marroquí de los que me han hablado. Seguiremos informando…

¿Bailamos?

Desde 1974 a finales de julio tiene lugar el Festival Internacional de Folklore de Portugalete. El grupo de danzas vascas Elai Alai organiza uno de los eventos más representativos de la noble villa. Anualmente, formaciones de bailes regionales de todo el mundo se desplazan hasta el País Vasco para exhibir su cultura y tradición ante el gran público.

He asistido varias veces a este Festival, cuyo programa se extiende a lo largo de una semana. Cada noche, un par de grupos realizan su actuación y, habitualmente, el día de Santiago (25 de julio, para los que no estén al tanto del santoral) todos bailan en la calle Carlos VII, que se corta al tráfico. El evento culmina con fuegos artificiales.

Tradicionalmente durante la semana los grupos actuaban en el polideportivo de Zubialde y era necesario comprar una entrada para poder verlos. Sin embargo, los últimos años, estas exhibiciones se han trasladado al nuevo parque de San Roque, en el que se colocan multitud de sillas para los asistentes.

Recientemente, comentaba este cambio de ubicación con una compañera de trabajo, que también es jarrillera y coincidimos en alegrarnos de que este sea uno de los pocos eventos que han pasado de ser parcialmente de pago a totalmente gratuitos.

La república rusa de Udmurtia, Togo, Indonesia, Serbia, Egipto, Martinica, Colombia y, por supuesto, el anfitrión Euskadi han sido los países participantes en la edición de 2011, que tuvo lugar entre el 17 y el 25 de julio.

Habitualmente sólo asistía a la despedida final, pero este año también he visto las actuaciones en versión extendida de Colombia y Euskadi. La experiencia me ha gustado tanto que en 2012 espero repetir más días.

En cuanto a los grupos, todo depende un poco del gusto personal, aunque todos han destacado por algo. Los sonrientes bailarines de Udmurtia eran algo más maduros que la media del resto de formaciones. Sus instrumentos, muy distintos de los que se suelen ver por estos lares, eran espectaculares, especialmente un tipo de guitarra enorme que se apoyaba en el suelo (desconozco su nombre exacto).

Los bailes tribales y una gran animación eran las principales características de Togo. Incluso llegaron a sacar gente del público para que se uniera a sus danzas.

Indonesia fue, sin duda, mi favorito. Fue admirable el momento en el que todos los bailarines se movían sentados en perfecta sincronización.

Los serbios me decepcionaron, ya que todo el mundo hablaba de sus piruetas, pero en la ceremonia de clausura no realizaron ninguna. Pudo tener que ver que el suelo estaba mojado, gracias al agradable verano del norte. Quizá algún día pueda disfrutar de sus acrobacias en directo.

Egipto llevo a cabo un baile con palos, en el que también resaltó su sincronización.

Con Martinica me pasó algo parecido a lo de Serbia. Puede que fuese porque sólo vi un baile, pero no me impresionaron demasiado, ya que, en lugar de danzar todos juntos, actuaron individualmente.

En cuanto a Colombia, demostraron que, además de mover la cadera como nadie, el folclore del país tiene otros ritmos.

Por último, Euskadi deleitó con una actuación en la que destacaron la cantidad de dantzaris involucrados.